QUE LOS DONES Y LA VOCACIÓN
DE DIOS SON IRREVOCABLES (Rm 11, 29)-
Dios no se arrepiente de
querer salvarte.
Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere
que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad.
(1 de Tim 2, 3- 4)- Y para eso nos envió a su Hijo: Porque
tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en
él no perezca, sino que tenga vida eterna. (Jn 3, 16)- Viene a redimir y
salvar a los hombres que crean en él, confíen, le pertenezcan, lo amen y lo
sirvan.
Dios no se arrepiente de lo que
ha hecho por nosotros.
Bendito sea el Dios y Padre de
nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones
espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en él antes
de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el
amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de
Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de
su gracia con la que nos agració en el Amado. En él tenemos por medio de su
sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia que
ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a
conocer el Misterio de su voluntad según el benévolo designio que en él se
propuso de antemano (Ef 1, 3- 9)-
Elegidos por amor para estar en
su presencia, santos e inmaculados en el amor; destinados a ser hijos suyos
mediante Jesucristo; Redimidos y perdonados en virtud de la sangre de Cristo; y
santificados por la presencia de los dones del Espíritu Santo. Todo para que
lleguemos a ser “alabanza de la Gloria de su Nombre. (Ef 1, 14)-
Estas bendiciones
nos vienen de la fe que viene de la escucha y obediencia de la Palabra de Dios (Rm 10. 17)- Podemos
echarlas en saco roto y tirarlas, pero, Dios no se arrepiente de habérnoslas dado.
Podemos dejar de creer y darle la espalda Dios, pero, Él nos sigue amando, aún
a pesar de nuestros pecados (Rm 5, 6)- Podemos caer en el pozo de la muerte, y
Dios, si hay arrepentimiento, siempre extenderá su mano para rescatarnos. Él
siempre estará esperando el regreso a Casa de todos los hijos pródigos. Es más,
nos busca hasta encontrarnos para levantarnos del pecado y llevarnos a la
Libertad (cfr Lc 15, 4)- Todo porque Dios es Amor, y su Misericordia es eterna,
no cambia, y es Paciente y espera a los que se habían ido al país lejano a
vivir de manera mundana, pagana y pecaminosa. La clave es dejarnos encontrar
por Él.
El Encuentro con
Dios es liberador, es gozoso y es glorioso.
Es liberador por que nos libera de nuestra carga, la redime, nos
lava y nos perdona, nos reconcilia y nos regresa lo que habíamos perdido. Es
gozoso porque experimentamos el triunfo de la Resurrección, al pasar de la
muerte a la vida y nos da Espíritu Santo. Y es glorioso porque nos invita a participar
de la Pasión de Cristo, poder entonces abrazar la Voluntad de Dios con amor y libertad
participando de la Cruz de Cristo. Lo que habíamos perdido lo hemos recuperado
por la Gracia de Dios, no por nuestros méritos, sino por los méritos de
Jesucristo que son muy abundantes.
Y, ahora, ¿qué podemos hacer?
Pedro nos dice: Desechen, boten o tiren al
fuego del Espíritu toda malicia, mentira, envidia, hipocresía y toda maledicencia
(1 de Pe 2, 1) Rompan con todo pecado para que participen de la naturaleza
divina (2 de Pe 1, 4b)-
Pablo nos dice: Vuestra
caridad sea sin fingimiento; detestando el mal, adhiriéndoos al bien; amándoos
cordialmente los unos a los otros; estimando en más cada uno a los otros; con
un celo sin negligencia; con espíritu fervoroso; sirviendo al Señor; con la
alegría de la esperanza; constantes en la tribulación; perseverantes en la
oración; compartiendo las necesidades de los santos; practicando la
hospitalidad. (Rm 12. 9- 13)-
Mateo nos dice: «Bienaventurados
los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados
los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los
que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen
hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los
misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los
limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan
por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los
perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los
Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con
mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
Juan nos dice: Quien
dice: «Yo le conozco» y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad
no está en él. Pero quien guarda su Palabra, ciertamente en él el amor de Dios
ha llegado a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que
permanece en él, debe vivir como vivió él. (1 de Jn 2, 3- 6)-
Juan nos da la clave para permanecer en el amor de Dios: La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis
discípulos. Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced
en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he
guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. (Jn 15, 8- 10)-
Dios no
obliga, engaña o manipula para que creamos en él, hagamos el bien o rechacemos
el mal. La salvación es un don gratuito e inmerecido, pero, no es barato, hay
que responder a la Palabra de Dios, y amarnos como Dios nos amó por primero (1
de Jn 4, 10)- Frente a ti está el bien y el mal; la felicidad y la desdicha,
escoge lo que tu quieras (Dt 30, 15). Tienes un libre albedrío para que escojas
meter la mano en el agua o en el fuego (Eclo 15, 11)-
¡¡¡El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo,
desparrama!!! (Mt 12, 30)- Frente a ti están las dos mesas: La mesa del
Señor y la mesa de los demonios, escoge sentarte en la que tú quieras (1 de Cor
10, 21)- Y de lo que elijas tú eres responsable.
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