MIRA QUE
HAGO UN MUNDO NUEVO PARA LOS QUE QUIERAN.
Entonces dijo el que está
sentado en el trono: «Mira que hago un mundo nuevo.» Y añadió: «Escribe: Estas
son palabras ciertas y verdaderas.» Me dijo también: «Hecho está: yo soy el
Alfa y la Omega, el Principio y el Fin; al que tenga sed, yo le daré del
manantial del agua de la vida gratis. Esta será la herencia del vencedor: yo
seré Dios para él, y él será hijo para mí. (Apoc 21, 5- 7)-
Esto dice
el Señor: “Voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva; ya no recordaré lo
pasado, lo olvidaré de corazón. Se llenarán ustedes de gozo y de perpetua
alegría por lo que voy a crear: Convertiré a Jerusalén en júbilo y a mi pueblo
en alegría. Me alegraré por Jerusalén y me gozaré por mi pueblo. Ya no se oirán
en ella gemidos ni llantos.
Ya no habrá niños que vivan pocos días, ni viejos
que no colmen sus años y al que no los alcance se le tendrá por maldito Construirán
casas y vivirán en ellas, plantarán viñas y comerán sus frutos’’. Isaίas 65,
17-21
¿Qué hace Dios para hacerlo todo nuevo?
Porque tanto amó Dios al
mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino
que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar
al mundo, sino para que el mundo se salve por él. (Jn 3, 16- 17)- Jesús viene
como Luz para abrir nuestros sepulcros y podamos reconocer nuestros huesos (cfr
Jn 8, 12)- Abraza la Cruz con amor para sacarnos de nuestros sepulcros y
llevarnos a nuestra patria (con 1, 13- 14)- Para hacer las cosas nuevas, el
Señor nos lleva a un Nuevo Nacimiento en el que nuestros pecados son perdonados
y nos da el don del Espíritu Santo para que nos guie por los caminos de la
Rectitud.
Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo,
todo es nuevo. Y todo proviene de Dios,
que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la
reconciliación. Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no
tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros
la palabra de la reconciliación. Somos, pues, embajadores de Cristo, como si
Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos:
¡reconciliaos con Dios! (2 de Cor 5, 17- 20)-
La ley, en
verdad, intervino para que abundara el delito; pero donde abundó el pecado,
sobreabundó la gracia; así, la mismo que el pecado reinó en la muerte, así
también reinaría la gracia en virtud de la justicia para vida eterna por
Jesucristo nuestro Señor. (Rm 5, 20- 21)-
Donde hay
Reconciliación en Cristo hay un Nuevo Nacimiento, hay perdón de los pecados, y
hay una Nueva Creación. Lo viejo era el hombre viejo, lo que ahora hay es el Hombre
Nuevo, Jesucristo, el hombre lleno del Espíritu Santo que comparte con los que
creen en él y lo obedecen (Mt 7, 24)- La Reconciliación es volver a ser hijos
de Dios, hermanos de todos y servidor de los demás para tener los mismos
sentimientos de Cristo. (cfr Flp 2, 5)-
El hombre o
la mujer reconciliados con Dios, son hombres nuevos y mujeres nuevas, pero no
están hechas, sino que están haciéndose en Cristo por la acción del Espíritu
Santo. Han vivido la experiencia de Comunión con Cristo. En el amor para
recibir el perdón de sus pecados y recibir el Espíritu Santo; ahora caminan en
la Verdad que los hace libres de todo lo malo para amar y para servir al Señor
en libertad (cfr Jn 8, 32) Caminan y no se arrastran; se están revistiendo de
Cristo en justicia y en santidad, en amor fraterno y en caridad, en humildad y
en mansedumbre (Ef 4, 24; 2 de Pe 1, 8; Col 3, 12)- Camina con la Túnica puesta
y con las lámparas encendidas (Lc 12, 35)- Se van revistiéndose de Jesucristo
(Rm 13, 14)- Se van desprendiéndose de los ídolos para caminar siguiendo a Cristo
para amar y servir al Dios vivo y verdadero (1 ee Tes 1, 9)- Están en proceso
de conversión.
El hombre
nuevo o a mujer nueva, son hijos de Dios, hermanos de Jesucristo y servidores
de sus hermanos. Van encontrando el sentido de la vida: el Amor que es
donación, entrega y servicio a Dios y a los hombres a los que reconocen como
hermanos. Esa es la Novedad que podemos encontrar a Dios en los otros, a los
que hay que reconocer como personas que nos pertenecen y nosotros le pertenecemos
a ellos, pertenecemos a una sola Familia, la raza humana. El otro, la otra es
un don de Dios y nosotros los somos para ellos. Nadie es tan rico que no
necesite de los demás, y nadie es tan pobre que no pueda compartir con los demás,
el saludo, los buenos días y los totopos que posean para su propio uso. Para
luego compartir con los demás, especialmente los más necesitados, las
debilidades y las necesidades de los demás.
Para saber que en la Nueva Creación somos
miembros de la Comunidad de Cristo en la que hemos de preocuparnos de todos,
reconciliarnos con ellos y compartir con todos lo que sabemos, lo que tenemos y
lo somos. En la Comunidad de Cristo lo que nos une es el Amor, y sin él estamos
vacíos. Tal como lo dice la Escritura: Si alguno que posee bienes de la
tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede
permanecer en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca,
sino con obras y según la verdad. (1 de Jn 3, 17- 18)-
Para entrar y
pertenecer a la Comunidad de Cristo y ser hombres nuevos, hay que abandonar los
terrenos de las tinieblas y abandonar las obras de la carne (cfr Gál 5, 19-
21)- Para entrar a la Luz de Cristo y cultivar los hijos de la Luz: la bondad,
la verdad y la justicia (Ef 5, 7-9)- La mansedumbre, la humildad y la
misericordia (Col 3, 12) La piedad, el amor fraterno y la caridad (2 de Pe 1,
7)- La fe, la esperanza y la caridad (1 de Ts 1, 3, 5- 8)-
Por tu mano
mi pueblo será conducido.
«Sé valiente y firme, porque tú vas a
dar a este pueblo la posesión del país que juré dar a sus padres. Sé, pues,
valiente y muy firme, teniendo cuidado de cumplir toda la Ley que te dio mi
siervo Moisés. No te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para
que tengas éxito dondequiera que vayas. (Jos 1, 6- 7)- La Ley de Moisés son los
diez Mandamientos, las diez palabras santas y divinas que salieron de la boca
de Dios. Son los caminos de la Rectitud: “No matarás, no robaras, no cometerás
adulterio, no levantaras falso testimonio.”
Por tu mano mi pueblo será alimentado.
Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a
su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en
él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras
y según la verdad. (1 E Jn 3. 17- 18)-
El hombre nuevo y la mujer nueva tienen siempre
presente que los dones de Dios son para la propia realización y para la
realización de los demás. No hay para que presumir, sino para compartir con los
demás lo que sabemos, lo que tenemos y lo que somos, ya que somos regalo de
Dios para los demás.
El Plan de Dios es para todo el hombre y para
todos los hombres.
Publicar un comentario