ABRIRSE A LA VOLUNTAD DE DIOS ES CONVERTIRSE.

 

ABRIRSE A LA VOLUNTAD DE DIOS ES CONVERTIRSE.



Yo enseñé a Efraím a caminar, tomándole por los brazos, pero ellos no conocieron que yo cuidaba de ellos. Con cuerdas humanas los atraía, con lazos de amor, y era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él y le daba de comer. Volverá al país de Egipto, y Asur será su rey, porque se han negado a convertirse. (Os 11, 3 5)-

Dios anhela nuestra conversión.

Esto dice el Señor: “En su aflicción, mi pueblo me buscará y se dirán unos a otros: ‘Vengan, volvámonos al Señor; él nos ha desgarrado y él nos curará; él nos ha herido y él nos vendará. En dos días nos devolverá la vida, y al tercero, nos levantará y viviremos en su presencia.

Esforcémonos por conocer al Señor; tan cierta como la aurora es su aparición y su juicio surge como la luz; bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia de primavera que empapa la tierra’. ¿Qué voy a hacer contigo, Efraín? ¿Qué voy a hacer contigo, Judá? Su amor es nube mañanera, es rocío matinal que se evapora.

Por eso los he azotado por medio de los profetas y les he dado muerte con mis palabras. Porque yo quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios, más que holocaustos”. Oseas 6, 1-6

Dios nos atrae con cuerdas de ternura y con lazos de misericordia. (os 11, 4)-

Dios anhela y espera una respuesta amable y agradecida: nuestra conversión, volver a sus brazos para experimentar su amor, su ternura y su perdón, pero como niños malcriados, lo abofeteamos, y le escupimos su rostro, le ponemos una corona de espinas y lo crucificamos. Pero, decimos que creemos en Él y que lo amamos con un amor que Dios compara con una nube mañanera, como rocío matinal que se evapora. Nuestra fe y nuestro amor son como llamarada de petate, muy rápido se consume, damos la espalda a Dios para abrazar al dios personificado del mal- Así lo dice Jeremías: Doble mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas, que el agua no retienen. (Jer , 13)-

Ha caído en la idolatría, los ídolos son nada, son vacío, pero oprimen y aplastan, confunden, manipulan y matan. Ídolo es todo lo que ponemos en nuestro corazón en lugar de Dios. Para romper la opresión de los ídolos hay que nacer de nuevo, hay que convertirse de corazón. La conversión es abrirse a la voluntad de Dios que nos libera, nos reconcilia y salva por medio de Jesucristo el único Mediador entre Dios y los hombres. “Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos.” (Hch 4, 12)-

La conversión es hacer una media vuelta hacia Dios que es Amor, Perdón y Misericordia; buscando su Rostro, su Mirada y su Brazos para volver a Él con un corazón contrito y abatido y recibir su Gracia: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.» (Mt 11, 28- 30)-

La conversión es vaciar nuestro costal de piedras a los pies de la Cruz de Cristo para redimir nuestros pecados y recibir el perdón y la Gracia de Dios y quedar uncidos con Jesús para caminar con Él y aprender a amar y servir como Él lo hace, todo lo hace con compasión y misericordia, y sin esto no hace nada- La conversión no es cuestión del pasado, es algo que dura para siempre al grado que Jesús nos ha dicho: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.» (Lc 9, 62)-

La conversión a Cristo es despojarse del Ego, hay que darle muerte, para revestirse de justicia y santidad, de amor y misericordia, es decir, revestirse de Jesucristo (Rm 13 14; Ef 4, 23- 24)- Y poder caminar en la Verdad libres de toda la maldad del corazón, para caminar con las velas encendidas y la Túnica puesta (Lc 12, 35)- Abiertos a la Voluntad de Dios que nos pide guardar sus Mandamientos y guardar su Palabra (1 de Pe 2, 3- 5)-

La conversión dura hasta el último suspiro. Hasta el último momento, para encontrar el sentido de la vida, que es el Amor. Y con una sola Palabra podemos entrar en la casa del Padre: “Perdóname”, Señor ten Misericordia de mí.

Es lo que le paso a Dimas, el buen ladrón, a quien, en los últimos momentos de su vida, Jesús, le fijo: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”- (Lc 23. 43)-

Esforcémonos por conocer al Señor. El conocimiento de Dios es un don del Señor que pide haber recibido antes el don de la Palabra y el don del Perdón (Os 2m 21- 22)- Conocer con el corazón y no con la mente; conocer es amar, es perdonar es servir; hay que bajar los conocimientos de la cabeza al corazón, y desde ahí salgan por los ojos, la boca, las manos y los pies como donación y como servicio a Dios y a los demás.

Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en la fuerza de su poder. Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del Diablo. (Ef 6, 10- 11)- La armadura de Dios son las virtudes que son hijas del Amor-. Que nacen y crecen con la escucha y la obediencia de la Palabra de Dios (Mt 7, 24)-

Sin amor y sin servicio no hay conocimiento de Dios. La clave del amor está en las palabras del Señor Jesús: Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina? (Lc 9, 23- 25)-

Sin cruz no hay seguimiento, y sin seguimiento no hay Gracia de Dios, y si Gracia no hay conversión. La cruz es abrirse a la voluntad de Dios; es abrirse al amor para ser santificados y caminar en el Reino de Dios. (Mt 6, 9)-

 



 

 

 

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