EL
CAMINO PARA ENTRAR EN COMUNIÓN CON JESÚS ES LA FE.
El domingo es el día dedicado al Señor, a la Familia, a la Comunidad, a los Pobres. Es el día para congregarnos para dar culto a Dios.
De
ahí que también por nuestra parte no cesemos de dar gracias a Dios porque, al
recibir la Palabra de Dios que os predicamos, la acogisteis, no como palabra de
hombre, sino cual es en verdad, como Palabra de Dios, que permanece operante en
vosotros, los creyentes.( 1 de Ts 2, 13)
La
fe viene de lo que se escucha, la Palabra de Dios (Rm 10, 17) Como respuesta a
la Palabra de Dios predicada por la Iglesia el día de Pentecostés, la gente respondió:
¿Qué debemos hacer? La respuesta es para todos los tiempos: Crean en Jesucristo
y háganse bautizar para que sus pecados sean perdonados y reciban el Espíritu
Santo (Hch 2,37) Ese es el mandato de Jesús a su Iglesia: Y les dijo: «Id por
todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea
bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. (Mc 16, 15- 16) Por la fe
y el bautismo somos incorporados al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. (Gál 3,
26- 27)
En
una segunda etapa, etapa de profundización en la fe encontramos las cuatro
columnas de la comunidad: “Los hermanos eran constantes en escuchar la
enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las
oraciones. Alababan a Dios y gozaban de la simpatía general del pueblo.” ( Hch
2, 42. 47) La enseñanza de los apóstoles es dar la Palabra que es como el agua
para regar las plantas del reino de Dios. Si hay Comunidad hay “vida común.”
Hay una Comunidad fraterna, solidaria y servicial. Se preocupan unos por los
otros, viven en reconciliación y comparten permanentemente. Viven un Nosotros
donde lo que es mío es tuyo, es de todos. Después los que participan de la “fracción
del Pan” llamada también la Eucaristía, entran en comunión con Cristo y con
todos los que creen en él. Y todos unidos en una misma fe, levantan sus
corazones limpios hacia el Señor en oración para invocar su Nombre sobre todos.
Después
de todo lo anterior nos podemos preguntar: ¿Qué es para los cristianos la fe? Podemos
decir que es un don de Dios a los hombres para que creamos en Jesús de Nazaret
como el Hijo de Dios. Pero esto no es suficiente, hemos de creer en su Palabra,
en su Enseñanza que es Luz en nuestro camino (Jn 8, 12) Demos un paso más,
creer en Jesús es aceptar su Obra su
Misión y su Destino como nuestro. La Misión de Jesús es liberar y salvar a los
hombres y su Destino es ser el Hijo de Dios, el hermano universal, el Salvador y
servidor de todos. Ahora podemos comprender a Pablo al decirnos: “Os exhorto,
pues, yo, preso por el Señor, a que viváis de una manera digna de la vocación
con que habéis sido llamados, con toda humildad, mansedumbre y paciencia,
soportándoos unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del
Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una
es la esperanza a que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo
bautismo.”(Ef 4, 1- 5) “Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene
muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no
forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque en un solo Espíritu
hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y
griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.” (1 de
Cor 12, 12- 13)
Ahora
podemos entender el Mandamiento de Jesús: “Hagan esto en memoria mía” (Lc 22,
19; 1 de Cor 11, 24) Para hacer lo que Jesús hizo: fraccionar el pan, hay que
creer en Jesús. Hay que entrar en comunión con Cristo. ¿Cómo podemos hacerlo? Por
la escucha y obediencia de la Palabra de Dios, entramos en la fe, en Cristo y
en su Comunidad. El recibir el Pan de la Eucaristía, entramos en comunión con
Cristo y con todos los miembros del Cuerpo de Cristo, la Iglesia. Cuando nos
abrimos y aceptamos la Misión de Cristo como nuestra, entramos en comunión con
Cristo y cuando aceptamos su Destino como nuestro entramos en comunión con él.
Nos hacemos Uno con él. Jesús está en medio de su Comunidad (Mt 18, 20; Mt 28,
20) ¿Qué está haciendo? Nos nutre, nos alimenta, nos fortalece con el Pan de
Vida y con el Agua que brota de su corazón (Jn 6, 53; Jn 7, 37).
Por
eso al recibir la Eucaristía y entrar en
comunión con Jesús, pensemos que Jesús no es solo, tiene muchos miembros y la Eucaristía
nos une con Jesús y con todos sus miembros. Por eso la importancia que al
comulgar llevemos la intención de ofrecernos como una hostia viva, santa y
agradable a Dios para como discípulos de Cristo ayudarle a construir la
Comunidad fraterna, solidaria y servicial. Que en nuestros corazones haya una
preocupación mutua, sobre todo preocuparnos de los menos favorecidos. Que haya
una reconciliación continua, que trabajemos por la paz y que tengamos un compartir
permanente. Compartir los dones que ofrecemos en la Eucaristía al Señor, dones
recibidos para nuestra realización y para la realización de los demás. Esto es
el cumplir el Mandato del Señor: Hagan esto en conmemoración mía.
La
clave que Jesús nos dejó a todos los que quieran participar de su Pasión es: “Si
alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. Porque
el que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa
de Mí, ese la salvará.” (Lc 9, 23- 24) Con tres palabras llenamos los vacíos de
nuestro corazón: Niégate, ámame y sígueme. Lo que significa cargar la cruz de
Jesús para permanecer en su Amor (Jn 15, 9)
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