Llamados a ser Apóstoles
Efesios
4,1-7.11-13; Salmo 18; Mateo 9, 9-13
1. ¿Qué significa la palabra
apóstol?
Significa enviado,
mensajero, servidor. Así decimos que Jesús es el Apóstol del Padre y los
Discípulos son los Apóstoles de Jesús. El Padre envió a su Hijo para realizar
la misión de salvar a los hombres y de comunicarles el don de su Espíritu.
Jesús envía a sus discípulos Apóstoles para que continúen en la tierra la
“obra” que Él comenzó.
2. La vida nueva viviendo el
Evangelio de la Gracia.

3. ¿Cuál es a finalidad del
trabajo apostólico?
La construcción del
Reino de Dios en la tierra. Un Reino de amor, de paz y de justicia. Un Reino
que para pertenecer a él hay que creer y convertirse (Mc 1, 15). Este Reino crece
en la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo y se manifiesta en la vida de las
comunidades y de los creyentes. Podemos decir que el fin de todo trabajo
apostólico es construir una comunidad fraterna en la cual todos seamos hijos de
Dios y hermanos unos de los otros; en esta comunidad, llamada también comunidad
cristiana, nadie vive para sí mismo, vivimos para Dios y para los demás o nos
excluimos de ella (Rom 14, 8).
4. ¿Qué es lo propio de esta
comunidad?
“Un solo cuerpo, y un solo Espíritu. Un solo
Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina
sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos. Un solo cuerpo, el
Cuerpo de Cristo, la Iglesia. No hay muchos cuerpos, uno solo como una sola es
la Iglesia. Un solo Espíritu, el Espíritu santo que es el alma de la Iglesia,
que la santifica y la guía a los terrenos de la santidad, del amor, de la
entrega y del servicio.
Cada uno de
nosotros ha recibido la gracia en la medida en que Cristo se la ha dado. Es la
gracia recibida en el bautismo; gracia por la cual somos llamados con toda la
Iglesia a ser servidores. La Iglesia existe para servir, para evangelizar, para
comunicar a los hombres la vida de Dios por medio de la Palabra y por medio de
los Sacramentos.
Para esto Cristo
concede a unos ser profetas, a otros ser apóstoles y a otros ser maestros. A
unos más ser evangelizadores y a otros ser pastores. El profeta es el que abre
brecha; tumba monte, anuncia, denuncia y renuncia a sus propios criterios para
predicar los caminos de liberación y denunciar los caminos de opresión. El
apóstol viene después del profeta a confirmar el trabajo que se ha hecho y a
organizar nuevas formas de trabajo y nuevos ministerios. El maestro profundiza
lo realizado por los carismas anteriores; es un catequista que explica y ahonda
las verdades de la fe. El evangelizador es un sembrador, que siembra y riega
los corazones con la Palabra de Dios, llevando a los hermanos en un proceso de
crecimiento a enamorarse de Jesús. El pastor guía y conduce a los pastos de
discernimiento y conocimiento de Dios. El pastor es también un acompañante, un
amigo que camina junto con el rebaño dando su vida y enseñando a dar vida con
su palabra y con su testimonio. “Y esto
para capacitar a los fieles, a fin de que, desempeñando debidamente su tarea,
construyan el cuerpo de Cristo” El desempeñar debidamente la tarea tiene
dos dimensiones que se complementan armoniosamente: la Gloria de Dios y el bien
de la Iglesia, el bien de las almas. Por otro lado no hemos de olvidar lo de una
sola fe, un solo bautismo, un solo Señor, un solo Espíritu y un solo Padre, y
una sola Iglesia.
5. La unidad en la fe.
“Hasta que todos lleguemos a estar unidos en
la fe y en conocimiento del Hijo de Dios y lleguemos a ser hombres perfectos,
que alcancemos en todas sus dimensiones la plenitud de Cristo” (Ef 4, 13). A la unidad en la fe llegamos por la
predicación de un mismo y único Evangelio; por el Bautismo que nos da la fe y
que nos quita el pecado original; por el sacramento de la Reconciliación que
nos perdona los pecados cometidos después del bautismo; por la Eucaristía que nos hace partícipes de
un único Pan, el Pan que el Padre nos
da. Para los creyentes la unidad de la fe se rompe con el pecado y se restituye
por el camino del arrepentimiento. La Iglesia es para nosotros el Sacramento de
la unidad y de la comunión con Dios y con los hombres.
6. ¿Cómo llegar al conocimiento
del Hijo de Dios?
Hay que superar la
justicia de los fariseos, su estilo de vida y su religión. En la escuela de
Jesús aprendemos a ser discípulos, para un día llegar a ser apóstoles. El
conocimiento de Cristo no está expuesto a la superficialidad ni a la
charlatanería. “El Señor quiere misericordia y no sacrificios”. “Todo el que
ama conoce a Dios y ha nacido de Dios”. A Dios podemos conocerlo, amarlo y
servirlo si guardamos su palabra, sus mandamientos y su doctrina (Jn 14, 24s).
Esto nos leva a decir que la práctica de las virtudes es el camino más
confiable para conocer al Hijo de Dios. Las virtudes teologales: la fe, la
esperanza y la caridad, la humildad, la amabilidad, la solidaridad, la
mansedumbre… Quien practica estas y otras virtudes se reviste de luz; se
reviste de Jesucristo (Rom 13, 11s) Revestirse de justicia y santidad (Ef 4,
24) es el traje de bodas del cual nos habla el Evangelio.
7. ¿Cómo llegar a la Plenitud de
Cristo?
San Pablo nos hace
una bella exhortación: “Ser hostias vivas, santas y agradables a Dios” (Rom 12,
1) ¿Cómo llegar a serlo? Rompiendo la amistad con el mundo; muriendo cada día
al pecado y dando muerte a las pasiones y deseos desordenados; renovando la mente y el corazón y siguiendo
las huellas de Jesús; siendo servidores de la verdad, de la vida, de la
palabra; dando misericordia a los débiles; aceptando las contradicciones que la
vida nos presente; ofreciendo con Cristo al Padre nuestros sacrificios
espirituales; sufriendo con Cristo para también reinar con Él. “No vivo yo, es Cristo el que vive en mí, y
la vida que ahora vivo la vivo de mi fe en el Hijo de Dios que me amó y se
entregó por mí” (Gál 2, 19-20).Ser hostia viva exige abrazar la cruz con
amor y aceptar la voluntad de Dios para nuestra vida al estilo de María, de
Mateo, de Pablo y miles y miles de cristianos que se animaron a vivir la
aventura de la fe: vivir el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.
8. ¿Cómo vivir la vida
apostólica?
Abrazamos la
voluntad de Dios con amor en cada circunstancia de nuestra vida, siendo dóciles
a la acción del Espíritu, en la entrega, donación y servicio al Pueblo santo de
Dios. Pablo nos hace tres exhortaciones
- “Soporta las fatigas conmigo como un buen soldado de Cristo”. El apóstol tiene que estar dispuesto a pagar el precio por liberar a los hombres de la opresión del Maligno.
- “Y lo mismo el atleta no recibe la corona sino ha competido según el reglamento.” Al apóstol lo que se le pide es que sea fiel a la multiforme gracia de Dios.
- “Y el labrador que trabaja es el primero que tiene derecho a percibir los frutos de la cosecha” (2 Tim 2, 2-4) Ser el primero en creer; el primero en vivir lo que ha creído y en anunciar y trasmitir las experiencias vividas.
9. El alma de todo apostolado.
Ahora podemos
deducir cual es el alma de todo apostolado: “El amor de Cristo”. La Caridad que
inflama el corazón del apóstol y lo dispone para que tenga la triple
disponibilidad: hacer la voluntad del Padre, ir al encuentro de un hermano
concreto para iluminarlo con la luz del Evangelio y la disponibilidad de dar la
vida por realizar los dos objetivos anteriores. La Caridad pastoral es fuente
de motivaciones y es fuerza que impulsa a la “misión”, al “servicio” a la
“entrega” y a la “donación” en el Nombre del Señor Jesús a favor de los más
débiles, de los menos favorecidos.
Apóstol es aquel
que ha sido enviado, teniendo presente que primero fue llamado a ser discípulo;
realidad que nunca se debe abandonar. El discipulado es tarea permanente. El
único Maestro es Jesús, que elige, llama, capacita y envía a quienes se han
dejado amar y enseñar por Él.
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